Dia Estudiante

Más que una fecha festiva: El ADN político del estudiante superior

Más que festejo, memoria y trinchera: A nivel superior, el Día del Estudiante no nació entre música y pasillos, sino en las calles y bajo el fuego de la represión de 1929. Recordar esta fecha en el IESCR es un llamado a defender el pensamiento crítico, la autonomía y el verdadero sentido de la educación universitaria.

Es sumamente común que, al llegar mayo, los calendarios escolares se tiñan de un ambiente festivo. Globos, felicitaciones institucionales y un breve descanso en la carga académica suelen ser el estándar para celebrar el «Día del Estudiante». Sin embargo, cuando trasladamos esta fecha al terreno del nivel superior, el festejo descafeinado se vuelve insuficiente. En las aulas universitarias y de los institutos de formación profesional, el 23 de mayo no puede ser solo un día de asueto; tiene que ser un ejercicio de memoria histórica y conciencia de clase estudiantil.

Para entender por qué el estudiante de nivel superior conmemora este día de forma distinta, es obligatorio mirar al pasado. No celebramos una concesión gubernamental ni un regalo del destino. Celebramos la indignación de 1929.

Aquel año, la juventud de la entonces Universidad Nacional de México plantó cara a la imposición burocrática. Lo que inició como una huelga en la Facultad de Derecho contra reformas arbitrarias en los exámenes, escaló hasta convertirse en una batalla campal por la dignidad. El 23 de mayo de ese año, las fuerzas de la policía respondieron con violencia y represión contra los estudiantes en el centro histórico de la capital. Pero el tiro les salió por la culata: la violencia de Estado no apagó el fuego; al contrario, encendió la solidaridad de profesores, intelectuales y de una sociedad civil que entendió que golpear a un estudiante es golpear el futuro de una nación.

El resultado de esa resistencia no fue menor: semanas después se conquistó la Autonomía Universitaria, cambiando para siempre el rumbo de la educación pública y la libertad de cátedra en nuestra región.

Por eso, en el contexto de nuestra comunidad en el IESCR, recuperar este relato se vuelve fundamental. Ser estudiante de educación superior implica una responsabilidad que trasciende la entrega de tareas o la acumulación de créditos para obtener un título. Significa entender que habitamos un espacio conquistado. La libertad de disentir, de debatir ideas de forma abierta, de cuestionar los dogmas y de proponer nuevas realidades científicas, sociales y humanísticas se sostiene sobre los hombros de aquellos jóvenes de 1929.

El peligro actual de la vida académica es la apatía o la desconexión con nuestro entorno. En una era hiperconectada pero a veces fragmentada, el artículo de opinión no es solo para mirar la foto en sepia del pasado, sino para lanzar una pregunta al presente: ¿Qué estamos defendiendo hoy como estudiantes superiores?

Celebrar este día en la Revista Horizonte es reivindicar que el pensamiento crítico es nuestro escudo y la educación nuestra trinchera. Que el 23 de mayo nos sirva para recordar que las aulas libres se defienden todos los días, ejerciendo la palabra, el rigor intelectual y el compromiso social. Felicidades a quienes no solo ocupan una banca, sino a quienes honran la historia transformando su realidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *