Joven universitario concentrado en la lectura de un libro iluminado, rodeado de elementos digitales difusos que simbolizan las redes sociales y las distracciones tecnológicas.

El ocaso de la lectura profunda

Enfrentamos una crisis silenciosa en la educación superior: el colapso de la comprensión lectora. ¿Cómo impacta el llamado “analfabetismo ilustrado” a los estudiantes universitarios en México? Este artículo examina la evidencia internacional y nacional detrás del fenómeno, y propone vías concretas —personales, docentes e institucionales— para recuperar la lectura profunda como ejercicio de pensamiento crítico. Una reflexión necesaria para toda la comunidad Carl Rogers.

Un desafío urgente para la educación superior en México

Las aulas universitarias enfrentan una crisis silenciosa que amenaza el pilar fundamental del pensamiento crítico: el colapso de la comprensión lectora. En octubre de 2024, la periodista Rose Horowitch documentó en The Atlantic cómo profesores de universidades como Columbia y Georgetown se han visto obligados a sustituir novelas completas por fragmentos, porque un número creciente de estudiantes —incluso en instituciones de élite— ya no logra sostener la atención ante textos extensos (Horowitch, 2024). Ese diagnóstico, que el debate educativo ha comenzado a nombrar como “analfabetismo ilustrado”, no es exclusivo de Estados Unidos: en julio de 2026, un reportaje publicado en Chile mostró que, según la OCDE, el 53% de la población de ese país entre 16 y 65 años apenas alcanza el nivel más bajo de comprensión lectora, y solo el 2% logra un análisis crítico de textos extensos (The Clinic, 2026). El fenómeno cruza fronteras y niveles educativos: es un cambio de paradigma cognitivo que ya toca la puerta de nuestras propias aulas.

La radiografía que ofrecen ambos casos —el consumo fragmentado de contenidos en internet, la herencia cognitiva del confinamiento pandémico y el uso poco crítico de la inteligencia artificial como atajo— resuena con alarmante precisión en nuestro contexto nacional.

La realidad en las aulas mexicanas

Los datos disponibles para México confirman que no se trata de una percepción aislada de nuestras aulas, sino de una tendencia medible. En la prueba PISA 2022, México obtuvo 407 puntos en comprensión lectora: 61 puntos por debajo del promedio de la OCDE (478 puntos) y 5 puntos por debajo de su propio resultado de 2018, un retroceso que sitúa al país en niveles comparables a los de 2006 (OCDE, 2023). El estudiante que hoy llega a la educación superior arrastra, en consecuencia, un déficit histórico de comprensión que en el aula se traduce en alumnos que invierten su energía cognitiva en decodificar palabras, en lugar de procesar significados.

El resultado es un empobrecimiento del lenguaje oral académico y un déficit de empatía difícil de ignorar en una institución que, como la nuestra, coloca la empatía en el centro de su modelo educativo. La literatura compleja deja de percibirse como una ventana al conocimiento y se convierte en una barrera burocrática, dejando al estudiante intelectualmente vulnerable frente a la desinformación: justo lo opuesto de lo que Carl Rogers describía como la persona que funciona plenamente, aquella capaz de mantenerse abierta a la experiencia y de evaluar la información desde un criterio propio, en lugar de aceptarla sin cuestionarla (Rogers, 1961).

Rediseño curricular: la transversalidad como solución

Frente a este escenario, la alternativa más viable exige un replanteamiento estructural desde nuestras bases académicas mediante un diseño curricular transversal: un eje formativo de lectura crítica presente en todas las carreras, no confinado a una sola materia de lengua y redacción. No podemos esperar que el estudiante recupere el hábito lector si nuestras metodologías siguen ancladas en modelos que premian la retención mecánica sobre la comprensión.

Concretamente, este eje transversal puede traducirse en cuatro líneas de acción:

  • Selección estratégica de lecturas: sustituir los textos descontextualizados por lecturas vinculadas con problemas profesionales reales de cada disciplina, de modo que leer un caso clínico, un expediente jurídico o un estudio de mercado sea, en sí mismo, un ejercicio de comprensión profunda.
  • Evaluación a prueba de inteligencia artificial: diseñar consignas que premien la aplicación, el debate y la conexión ética con el texto —por ejemplo, sustituir “resume el capítulo” por “identifica una tensión ética en el capítulo y defiende una postura”— en lugar de premiar el resumen literal, que cualquier herramienta de IA puede producir por el estudiante.
  • Círculos de lectura entre pares, coordinados por cada academia, donde el diálogo socrático sustituya al examen de opción múltiple como forma primaria de verificar la comprensión.
  • Alfabetización crítica en inteligencia artificial: un módulo breve, presente en todas las carreras, donde el estudiante aprenda a usar estas herramientas como asistentes de comprensión —comparar resúmenes, generar preguntas de repaso— sin delegarles el acto mismo de pensar.

La arquitectura editorial como puente cognitivo

Nuestra responsabilidad como institución no termina en el aula; se extiende a los medios mediante los cuales difundimos el conocimiento. Exigir lectura profunda no significa entregar bloques de texto impenetrables. Es imperativo que los espacios de divulgación universitaria transformen su arquitectura digital y visual para captar a esta nueva generación de lectores. Al organizar el contenido mediante jerarquías visuales claras, bloques de lectura dinámicos, tipografías limpias y una categorización intuitiva, facilitamos la inmersión. Un diseño editorial moderno actúa como un andamio cognitivo: respeta la complejidad del pensamiento académico, pero lo presenta en un entorno visual que invita al estudiante a quedarse, reduciendo la fricción y reentrenando gradualmente su resistencia para la lectura extensa.

Reflexiones para nuestra comunidad

Para el cuerpo docente: ¿Estamos evaluando la capacidad de pensar críticamente, o medimos la habilidad para extraer datos? Si una inteligencia artificial puede resumir la lectura asignada de forma impecable, nuestro enfoque ha quedado obsoleto. El texto debe volver a ser el punto de partida para el debate, no el destino final. Una manera concreta de empezar la próxima clase: cambiar una pregunta de resumen por una pregunta que exija tomar postura frente al texto.

Para la comunidad estudiantil: Ceder la capacidad de leer formatos complejos es ceder la capacidad de pensar por uno mismo. En una era dominada por la inmediatez y los algoritmos, la lectura profunda es tu principal acto de resistencia intelectual. Lee para construir un criterio propio que evite que otros decidan por ti. En la práctica, esto puede comenzar con algo tan simple como un bloque de veinticinco minutos de lectura ininterrumpida, sin notificaciones, seguido de una pausa breve para escribir, con tus propias palabras, qué entendiste y qué preguntas te deja el texto: ese ejercicio de traducción es algo que ninguna inteligencia artificial puede hacer por ti.

Para la gestión académica institucional: Revertir este fenómeno requiere que nuestras directrices académicas y administrativas prioricen la calidad del análisis sobre el volumen de contenidos, asegurando que cada asignatura, y cada publicación institucional, aporte a la reconstrucción del pensamiento analítico. En términos operativos, esto puede traducirse en un Programa Institucional de Lectura Profunda, con metas medibles por semestre y coordinado junto con los indicadores académicos que ya existen en cada carrera.

Un llamado a la acción compartida

En última instancia, debemos aceptar una verdad incómoda que define nuestro presente: hoy en día, en verdad, poco se lee, y es aún menos lo que se entiende de aquello que se llega a leer. Revertir esta tendencia es una responsabilidad inaplazable. Docentes, estudiantes y autoridades académicas debemos comprometernos a rescatar la lectura como el ejercicio intelectual por excelencia. No permitamos que nuestras aulas se conviertan en cajas de resonancia superficial; hagamos de nuestras universidades los espacios donde la palabra escrita recupere su poder para transformar, desafiar y liberar el pensamiento humano, y donde, como enseñaba Carl Rogers, cada estudiante encuentre las condiciones para desplegar su propia tendencia a crecer y a comprender el mundo con criterio propio (Rogers, 1961). El momento de actuar, y de volver a leer con propósito, es ahora.

Referencias

  • Horowitch, R. (2024, octubre). The elite college students who can’t read books. The Atlantic.
  • OCDE. (2023). PISA 2022 Results (Volume I): The State of Learning and Equity in Education. OECD Publishing.
  • Rogers, C. R. (1961). On Becoming a Person: A Therapist’s View of Psychotherapy. Houghton Mifflin.
  • The Clinic. (2026, 18 de julio). Analfabetismo ilustrado: por qué los universitarios ya no pueden leer textos complejos y el colapso de la comprensión de lectura en Chile.

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